¿Por qué apoyo el Partido Comunista Revolucionario de Canadá? [Parte 3]

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El blog Victoria Oprimidos ha traducido, por su elevado interés, el artículo “¿ Por qué apoyo al Partido Comunista Revolucionario de Canadá ?” del inglés al español. Una serie de posts escritos por un simpatizante del PCR-RCP en su blog M-L-M Mayhem.

Esta es la tercera y última entrada de una serie de posts que explican mis razones para simpatizar y apoyar al Partido Comunista Revolucionario de Canadá [PCR-RCP], ya que han llegado a ser pocos los izquierdistas en la blogosfera que los han diferenciado del problemático RCP-EE.UU. Para aquellos lectores que llegan tarde a esta serie, y que encuentran el tema interesante, yo les insto a leer antes la primera y segunda parte.

Esta serie de entradas también pueden ser vistas como parte de un conjunto más amplio que, en cierto modo, son burdas autobiografías políticas – intentos de explicar mis antecedentes de izquierda, tanto durante mi vida académica como en mis tiempos de activista.

4: Revolución contra mentalidad activista

A pesar de la calidad de su programa, aún hubiera podido descartar el PCR-RCP si seguía produciendo miembros que, en realidad, eran los típicos imbéciles arrogantes que uno encuentra en la mayoría de las organizaciones de activistas. Después de años de militar en la izquierda de Toronto, yo ya me estaba cansando del activismo santurrón, el exclusivismo, la politiquería que se basa en el “ser más santo que tú”, y la tradición incuestionable de los nuevos héroes del activismo que consiste en burlarse de los de más edad, por el simple hecho de que piensan que por ser nuevos lo saben todo. Tu puedes alejarte de una organización por más de un año, ir a la deriva debido a que estos grupos alientan el agotamiento y el cansancio de la militancia, y vuelves a descubrir nuevas camarillas, nuevas personas, que piensan que son más inteligentes que todos los demás. Esta arrogancia, combinada con una falta de voluntad general para ser autocrítico, siempre me ha molestado… tal vez porque esto también es una condena: yo finalmente no podía dejar de ver a mi yo más joven reflejado en las expresiones y acciones de las nuevas generaciones. Como escribí en la entrada citada más arriba, “Mi activismo está constantemente cansado de encontrarse con activistas jóvenes (con mayor frecuencia hombres jóvenes) que piensan que son un regalo de Dios para la izquierda. El número de veces que me he encontrado con alguien en sus 20 y pocos años de edad que cree que sus ideas son únicas, que sus acciones están cambiando el mundo, y que quieren predicarme la revolución a mí sin saber apenas nada de mi experiencia previa, es enorme”. Y sé que otros estarán de acuerdo con este sentimiento.

Pero la primera vez que me encontré frente a frente con un grupo de miembros del PCR-RCP me impresionó. (Escribo “frente a frente” porque ya me había encontrado con dos de sus miembros un año y medio antes en la época en que me empezaba a interesar en su organización, pero esto no fue suficiente para entender cómo se comportaban como organización.) Cuando asistí al II Congreso Revolucionario Canadiense yo estaba medio esperando hacer frente a la misma mierda del yo-sé-más-que-tú-estúpido, que es por desgracia un sello distintivo de grandes sectores de la izquierda – una ideología pequeñoburguesa que hace casi tanto daño como la propaganda anticomunista. Por un lado, deseaba que llegase este Congreso, porque en ese momento yo sabía ya lo suficiente del PCR-RCP como para respetarlo más que cualquier otro grupo de izquierda de Canadá, pero, por otro lado, me preocupaba que fuera a reunirme con un grupo de autoproclamados santos que dispensarán revelaciones marxistas a sus homólogos anglófonos de Canadá. Pensé esto debido a mis experiencias pasadas, a causa de características conservadoras que había observado entre los supuestos progresistas, y debido a todos los dolores de cabeza que la izquierda promueve entre sí. Entré en la sala abarrotada de gente en la que se reunía el Congreso, con sentimientos de inquietud, con el fastidio de que los que habían organizado la conferencia harían que los forasteros se sintieran indignos, simplemente asumí que todo esto sería aceptado como un comportamiento normal.

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Lo que he observado, sin embargo, fue una reunión de compañeros disciplinados y serios que no actúan de acuerdo a lo que había tomado como tropos normativos de comportamiento los activistas a los que me referí. Aquí había personas que eran humildes el uno con el otro, que actuaban como iguales, independientemente de las diferentes posiciones sociales, que podían debatir sin ser despectivos, convirtiendo lo que serían terribles y embarazosas peleas en otros contextos activistas en momentos educativos – cuando las cosas parecían tensarse, la creciente tensión se evaporaba con buen humor y honradez. Tengo que admitir (y quizás pedir disculpas a los generosos camaradas de Quebec) que no hablé en ese congreso; en aquel momento estaba demasiado cansado de oír mi propia voz y estaba mucho más inclinado a ser pasivo. Creo que, en cierto modo, me desconcerté por la forma de interacción que sentía totalmente ajenas a mis anteriores experiencias activistas.

Y tal vez este era el punto: yo no estaba interactuando con activistas, sino con personas que se veían a sí mismas como revolucionarios. Pues si te ves de esta forma, y te niegas a aceptar que la política revolucionaria es un banquete, a continuación, te comportas de una manera totalmente diferente: en este contexto, no puede tratarse con grupitos, ni sobre políticas de identidad frente a otras políticas de identidad o sobre quién está más a la izquierda de quién, sino, al contrario, de la solidaridad y la disciplina y del compromiso requerido para esta solidaridad. Se trata del autoconocimiento y de la comprensión de cómo las acciones y actitudes propias influyen en los demás; básicamente se trata de cómo servir a la gente.

He estado presente en innumerables reuniones prolongadas y controvertidas y, debido a esto, me encontraba en un punto en el que empezaba a temer cada reunión política a  la que pensaba asistir. Sobre todo, después de la huelga local de mi sindicato, donde yo estaba agotado por los microorganismos modificados genéticamente más polémicos y rencorosos, donde la burocracia había reemplazado a la política progresista, asumí que en cualquier reunión política que asistiera en el futuro estaría condenado a presenciar el fraccionalismo mezquino. Así que, estaba muy sorprendido de encontrarme a mí mismo disfrutando realmente del II Congreso Revolucionario Canadiense. Esto no quiere decir que no hubiera diferencias entre los camaradas presentes (había), o que no existiera ninguna discusión (por supuesto que hubo debates), sólo que las diferencias de opinión nunca llegaron a ser encarnizadas, nunca se transformaron en trágicas colisiones de principios, y de ninguna forma parecieron ir en detrimento de una solidaridad global y del disfrute de un compromiso real con la política radical. No sólo se trataba de hablar de algún tema singular para un grupo afín, de forma demasiada concentrada, sino de comprometerse con las raíces de las políticas fundamentales en el contexto canadiense. Esto era por lo que estaba realmente emocionado por participar en la coalición abierta establecida en el Congreso y por el apoyo, a mi humilde manera, a estas personas que me habían impresionado más que cualquiera de los activistas que había conocido desde… bien, desde siempre.

Tampoco fue mi experiencia en el Congreso un caso aislado. Desde que me involucré con una organización de coalición que estaba haciendo cosas en conjunto con el PCR-RCP, quería continuar encontrándome con miembros de estas organizaciones. En cada encuentro se repetía lo que había experimentado en el congreso. Incluso cuando alguno de sus miembros criticó mi ponencia en una charla pública, se hizo de una manera fraternal (una crítica tanto de apoyo como perspicaz) de forma que nunca sentí que estaba tratando con el mismo tipo de mentalidad activista que me ha fastidiado desde hace una década. Cuando los activistas te critican, las críticas son generalmente para su propio beneficio, ya que están diseñadas para reforzar la influencia y el poder individual; estas críticas causan división. Pero cuando la gente se ve adecuadamente a sí misma como revolucionarios que critican, lo hacen porque quieren que seas un mejor organizador con el fin de algo más importante que el ego individual – estas críticas están diseñadas para producir la unidad. La primera categoría, aunque muy hábil en la producción de la crítica, nunca puede aceptar esta crítica de la segunda.

En el informe antes citado sobre el II Congreso Revolucionario Canadiense escribí: “La falta de arrogancia, el ambiente relajado, la falta de voluntad para provocar que alguien se sintiera incómodo -todo esto se dirigía a una práctica que se toma en serio el hacer manifiesta la política [la del PCR-RCP] predicada”. Me atengo a esta afirmación y creo que es muy importante cuando se trata de valorar si una organización tiene derecho a referirse a sí misma como un partido comunista. Los representantes de otras organizaciones que he conocido en mi experiencia en Toronto –de los posibles partidos, proyectos políticos, organizaciones dispares, grupos monotemáticos, o incluso aquellas organizaciones que eran anticapitalistas, pero no comunistas- a menudo no se han podido comportar de una manera disciplinada y considerada. Nunca aceptaría una dirección revolucionaria de una organización que trata a sus propios miembros de manera que socava la misma política que se supone que representa; si eres tan pequeño como la pequeña burguesía, entonces no eres digno de colocarte a la vanguardia del radicalismo canadiense.

5: La práctica y “autoridad” revolucionaria

Tiempo atrás durante las semanas en las que me involucré con la campaña de boicot a las elecciones, terminé haciéndolo también en un intercambio de polémicas con uno de mis amigos / camaradas. Él quería saber por qué el PCR-RCP tenía el derecho de llamar al boicot – lo que habían hecho para justificar su supuesta autoridad en hacer un llamamiento de este tipo – y me pidió detalles sobre sus acciones políticas prácticas. En ese momento, y probablemente debido al elevado mal humor provocado por la persecución de esa campaña en el contexto activista de Toronto, estaba inicialmente (e injustamente lo admito) molesto por sus demandas. Desde que era simplemente un simpatizante del partido, no podía realmente proporcionarle ningún atisbo de información privilegiada del PCR-RCP; incluso si yo hubiera sido miembro, sentí que hubiera sido indisciplinado (por razones de seguridad) si respondía.

En retrospectiva, sin embargo, tengo que admitir que esta cuestión fue justa y que, en ese momento, la interpreté de manera equivocada: un partido necesita demostrar su valía en la práctica, no puede ser sólo un pequeño grupo de personas con una revelación “divina”, de lo contrario no se puede afirmar que sea un partido revolucionario. Y aunque probablemente podría haber argumentado que el programa del partido que ya se había debatido sólo podía haber surgido a través de la práctica, esto seguiría sin responder a las preguntas. Al mismo tiempo, y sin embargo, este deseo de conocer los precisos detalles de las actividades de un partido – el querer un inventario de detalles que nos van a convencer de que un posible partido ya se dedica a cosas grandes y trascendentales – puede ser utilizado como una excusa para no involucrarse en una organización que podría ser una fuerza revolucionaria potencial. De acuerdo con la máxima de uno de los miembros del PCR-RCP: “cuando quieres algo vas a encontrar mil formas de conseguirlo; cuando no deseas nada, encontrarás mil excusas.”

En cualquier caso, es evidente que la práctica del PCR-RCP está consiguiendo algo, teniendo en cuenta que la policía de Quebec, como se ha señalado en mi primera entrada, ahora parece que lo considera como una amenaza a la seguridad nacional. Y aunque para el estado cualquier persona que éste posicionada ideológicamente a la izquierda, incluso ligeramente, sea una posible futura amenaza – y haya atacado a personas y grupos que sabemos que nunca intentarán el derrocamiento del capitalismo – el hecho de que el Equipo de Seguridad Nacional Integrado lo cataloguen como una amenaza, que la Maison Norman Bethune esté bajo vigilancia, y que el rumor de que los escuadrones especiales para “rojos” se encarguen de investigar al  PCR-RCP, son sumamente significativos. Pero el ser atacado por el enemigo, como argumento Mao, también puede ser algo positivo; demuestra que están tomando su política en serio – la política que debe terminar con su aniquilación.

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Entonces, ¿por qué las autoridades y las fuerzas de seguridad capitalistas están preocupadas con el Partido Comunista Revolucionario de Canadá? Tal vez sea el hecho de que el partido se está posicionando a la vanguardia de la lucha política en Quebec: como la primera fuerza comunista en el CLAC (Convergence des Luttes Anti-Capitalistes) ha estado presente en todas las manifestaciones y acciones anticapitalistas – tanto es así, que las recientes manifestaciones del 1º de mayo en Montreal respaldaron la consigna de boicot del PCR-RCP, así como una cita de Mao (“La rebelión está justificada”) como una de las consignas principales para su marcha. Luego están los frentes de partidos y coaliciones que crecen, tales como el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores (un intento de reunir y organizar el proletariado disperso), el Frente Feminista (una organización que impulsa un feminismo revolucionario en un intento de organizar a las mujeres que trabajan en contra del capitalismo patriarcal), y el Movimiento Estudiantil Revolucionario (una organización de masas formada por los estudiantes de clase obrera de los institutos y CEGEPs,  como posibles militantes comunistas) – todos los cuales están comprometidos, o lo harán, en un trabajo firme.

Después tuvo lugar la formación del Comité de Acción Revolucionario Proletario [PRAC] en el 2º Congreso Revolucionario Canadiense, mencionado anteriormente, que fue un intento de crear una organización de coalición que fuera capaz de poner en práctica una amplia política al estilo frentista en la Canadá anglófona. Fue el PRAC, al menos en Ontario, el que ayudó a difundir el llamamiento del PCR-RCP para boicotear las elecciones federales, una organización a la cual algunos todavía puedan encontrar sospechosa.

Por lo tanto, tal vez deberíamos tratar a este llamamiento al boicot a las elecciones como un microcosmos de la supuesta autoridad revolucionaria del PCR-RCP. Personalmente, si cualquier otro grupo aparte del PCR-RCP hubiera hecho esta llamada, probablemente habría reaccionado de la misma manera que los amigos / aliados / compañeros que sospechaban de una campaña de boicot. La única razón por la que acepté su lógica era porque tenía conocimiento previo del PCR-RCP y había asistido el 2º Congreso Revolucionario Canadiense. (Así que tal vez este es un momento de autocrítica pues, a lo mejor, si no hubiera prestado atención al surgimiento del PCR-RCP o asistido a su congreso abierto podría ser que también hubiera calificado el llamamiento como “ultraizquierdista”, sin examinar los argumentos.)

La cuestión de la autoridad, sin embargo, podría estar fuera de lugar. Como partido que practica la línea de masas, el llamamiento del PCR-RCP al boicot no tenía nada que ver con la noción estalinista de la vanguardia (tipificado, por ejemplo, en Fundamentos del leninismo de Stalin), donde el papel del partido es el de dirigir y el papel de las masas es simplemente el de obedecer su autoridad – una noción de vanguardia que los comunistas chinos de Mao criticaron como “metafísica”. Si el partido es también el servidor a las masas, entonces su autoridad es una traducción teórica y revolucionaria del deseo del pueblo: como se señala en el post anterior, la autoridad detrás del boicot fue el rechazo de las masas del parlamentarismo. Así que lo qué proporciona autoridad y sustancia a la posición de boicot era el hecho de que se basaba en la práctica de millones de trabajadores y personas oprimidas que, en palabras de Lenin, tuvieron que “experimentar [la democracia burguesa] por sí mismos” con el fin de superarla.

Por lo tanto un partido que practica la línea de masas en la práctica representará la voluntad revolucionaria de las masas, y por ello debe estar obligado a hacerse dos preguntas, al menos, cuando encuentra algo así como una falta de voluntad de participar en las elecciones federales: i) ¿son las acciones de las masas justas?; y ii) en función de la respuesta a la primera pregunta, ¿cuáles son las consecuencias políticas? La respuesta a estas preguntas cambia por completo cuando un partido que practica la línea de masas toma posiciones en la parte inferior con los explotados, en lugar de una posición en la parte superior con la burguesía – o incluso en lugar de una posición que se imagina a si misma fuera de la lucha de clases y habla en nombre de principios abstractos como la democracia o los derechos humanos.

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Ya que la revolución no es una cuestión de “recursos humanos” – no se trata de intercambiar personal de las clases dominantes con el personal del proletariado, sino de una transformación completa de la estructura en la que se basan las categorías sociales, grupos, clases y relaciones. Además, un partido que desea llegar a ser la autoridad revolucionaria del pueblo tiene que seguir esta comprensión de la revolución en la práctica. Alguien describió una vez esta comprensión de la práctica revolucionaria como una analogía de un juego.

Si jugamos un juego en el que el capitalista dicta las reglas y los límites, marcando dónde moveremos nuestras piezas, y monopolizando el derecho de cambiar las reglas en cualquier momento, ¿qué podríamos hacer para ganar semejante juego? Una opción sería la de jugar y perder siempre – esto podría ser una experiencia de aprendizaje, pero, en un punto u otro, nos veríamos forzados a darnos cuenta de que el juego en sí no tiene sentido. Así que, tal vez podríamos afrontar la partida con astucia, con la esperanza de ser más sigilosos que el capitalista intentando alterar las ideas que definen los límites del juego. O, tal vez, tendríamos que afrontar el partido con la esperanza de que el capitalista muera de un ataque al corazón. O, quizás, siguiendo a los anarquistas, tendríamos que acabar escribiendo nuestras propias reglas y pretender que la persona que tiene el juego no exista, aún cuando el capitalista nos permita hacer a nosotros el primer movimiento.

Alguien que practica una noción revolucionaria de la partida, sin embargo, se acercaría a nuestro juego metafórico de la siguiente manera: él/ella analizaría el juego, reconocería la causa de la injusticia, rechazaría jugar y, al hacerlo, posiblemente, forzaría a los capitalistas a cambiar las reglas. (Negarse a jugar necesariamente cambiará las reglas porque el capitalista nos necesita para jugar con el fin de que exista el juego.) Lo más importante, sin embargo, es que una persona dedicada a la práctica revolucionaria no estaría interesada simplemente en cambiar las reglas porque él/ella quiere, sobre todo, poner fin al juego en sí. El punto es forzar al capitalista a defenderse y revelar a los demás jugadores lo que está en juego para que entiendan que perder no es la única posibilidad y que, siguiendo este ejemplo, el capitalista se verá obligado a aplicar más reglas, contra todos los jugadores, aislándose y perdiendo su habitual autoridad incuestionable.

Por lo tanto, el valor de una iniciativa o propuesta se mide por lo que se busca lograr. La correcta práctica comunista, el tipo de práctica que creo que el PCR-RCP lleva a cabo, es buscar y encontrar respuestas a las necesidades demandadas por la política revolucionaria. Volviendo a la analogía de la campaña de boicot, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿queremos fortalecer el campo revolucionario o reforzar la noción abstracta de la democracia mediante la elección de una parte sobre la otra? Con demasiada frecuencia nos acercamos a las cuestiones importantes a través de abstracciones ideológicas (mi utopía es mejor que la tuya, mis ideas se ven mejor en el papel cuando se oponen a las suyas, etc.) en lugar de resolver contradicciones fundamentales. Lo que distingue lo concreto de este enfoque abstracto, sin embargo, es lo que se puede encontrar en el mundo real a través de la práctica revolucionaria.

Si queremos demostrar algo, debemos aplicar este algo en la práctica, y esto se llama política – esto es también lo que distingue al PCR-RCP del PCR-EE.UU. Por otra parte, y lo más importante para el contexto social en el que vivo, esto también distingue al PCR-RCP de las otras innumerables organizaciones de izquierda que, o bien se resignan a la pureza del culto, ocultan su comunismo tras los velos sucesivos de la socialdemocracia, o practican abiertamente el entrismo.

Y es debido a esta práctica, la actitud y mentalidad revolucionaria que hay detrás de esta, la teoría que está ligada a esta práctica, y la política que el PCR-RCP intenta construir – una política que prefigura el socialismo –el por qué he simpatizado y apoyado esta organización en mi blog y en mi vida activa. Esto no quiere decir que vea al Partido Comunista Revolucionario de Canadá como un “hecho consumado”, una entidad estática que siempre será la única autoridad partidista, sin importar qué, porque entiendo que las organizaciones están siempre en transformación, ya que pueden cambiar a peor con la misma facilidad que pueden cambiar a mejor. También puedo imaginarme otras organizaciones, tal vez inspiradas en el ejemplo del PCR-RCP, emergiendo como posibles entidades partidistas en el futuro.

La cosa es que en el PCR-RCP, del que siempre ha visto su crecimiento y desarrollo en términos de lucha de líneas – como algo siempre abierto al futuro – estarían de acuerdo en que no es en absoluto una organización herméticamente cerrada. Los maoístas entendemos que es lucha de líneas y, por ello, cómo las organizaciones pueden colapsar. También entendemos cómo pueden renovarse, cómo pueden desarrollarse a través de la práctica revolucionaria: los partidos no son estáticos, y nunca deben mantenerse dogmáticamente puristas, pero al mismo tiempo, no son organizaciones nebulosas que van a la deriva sin rumbo y dirección teórico-práctica (y por lo tanto en última instancia, sin sentido).

Así que, tal vez esta conciencia de sí mismo – este entendimiento de un partido que siempre está abierto al futuro, pero que todavía sigue, a pesar de su apertura, las aportaciones y enseñanzas de la teoría revolucionaria presentada por las revoluciones rusa y china, aunque en el contexto social contemporáneo, es lo que más me atrajo al Partido Comunista Revolucionario de Canadá. Como ya he mencionado al principio de esta serie, y como también lo he hecho en otras partes, yo solía desconfiar de toda noción de una vanguardia, porque había una parte de mí que siempre encontraba esto inflexible, purista, como algo cerrado a la gente que se supone que representaba. Y, aunque teóricamente ya se reconocía la necesidad de un partido, aún no se aceptaba la existencia de un posible partido en mi contexto social. El hecho de que el PCR-RCP como partido atrajera mis simpatías, y que sea el único grupo comunista en Canadá que lo ha hecho, es algo que todavía encuentro significativo. Mi objetivo con esta serie de entradas era simplemente explicar qué significa esto para mí.

Fuente: http://moufawad-paul.blogspot.com.es/2011/07/why-i-support-revolutionary-communist_22.html

Nota de Agradecimiento: El blog La Victoria de los Oprimidos y Explotados agradece la ayuda prestada por parte del blog Cuestionatelotodo, el blog Cultura Proletaria y el camarada Sade en la revisión y edición de la traducción.

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3 respuestas a ¿Por qué apoyo el Partido Comunista Revolucionario de Canadá? [Parte 3]

  1. miguel rejas dijo:

    que lindo volverse activista de izquierda para vivir como un magnate de derecha a costa de los ideales no tiene sentido

    • victoria oprimidos dijo:

      Si realmente hubieras leído el post te darías cuenta que el PCR-RCP no es un partido oportunista ni revisionista. Y no pretende ningún cargo en el estado burgués, sino destruirlo y hacerlo añicos.

  2. JLForneo dijo:

    Fue, como siempre, un placer colaborar contigo.
    !Saludos Rojos!

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